Don Manu Cobo, profesor de Euskera legendario en mi colegio.
Sus clases normalmente empezaban por sacar a alguno de nosotros a la pizarra para corregir los deberes que se suponía habíamos hecho en casa el día anterior.
Ese día le tocó a Luis F.G salir a la palestra. Diligente, realizó la tarea en la pizarra lista para la corrección. Don Manu le ofrecía una sonrisa de ánimo y apoyo mientras Luis completaba la tarea.
Don Manu se levantó y tras una palmada amistosa en el hombro le dijo: “Muy bien Luis, no me esperaba menos de ti, me alegra un montón ver que en estos años de formación estás desarrollando el sentido del humor. Es una habilidad muy importante en la vida. Ahora ya puedes borrar la pizarra y cuando estés listo, lo puedes hacer en serio.” La clase estalló en risas, a Luis le hizo menos gracia.
Saltamos al año 2011, tras 10 años de trabajar en UK y US, ¡me mandaban a España para asumir mi primer rol de Director de división! ¡Un P&L y un equipo bajo mi responsabilidad! Lo había conseguido, ya era directivo y encima volvía a mi país después de tantos años fuera.
Tenía 33 años y DiCaprio en la proa del Titanic y yo… igualitos.
Iba a poder implementar todos mis conocimientos y mi experiencia en la división universitaria en España. Por fin podría demostrar de lo que estaba hecho. Hacía poco que habían salido muchos directivos de la oficina de España y Rita, la presidenta de Europa, me había reclutado para hacer el cambio de guardia, me sentía halagado e impaciente por conocer lo que me esperaba…
No se hizo esperar. Mi primera reunión con el financiero era para familiarizarme con la cuenta de resultados. Con la astucia que me caracteriza, identifiqué rápidamente un error, la venta neta salía en rojo, negativa. No se puede tener más devoluciones que venta bruta así que señalé la inconsistencia con una sonrisa de autosatisfacción, a mi agudo intelecto no se le escapaba una.
“No, no hay error, está bien”. Creo que tardé unos cuantos segundos en procesar esa información, ¿venta neta negativa? Eso significaría que se han devuelto en un año más producto del que se ha vendido en bruto durante ese mismo año. Un ratio de devolución sano en esa industria estaba sobre el 15%. Me estaban diciendo que había un ratio de más del 100%. Mi cara lo decía todo. Noté al financiero acercándome los Kleenex. “Y ahora en serio Luis” escuché a Manu Cobo en mi cabeza. Pues Luis tenía razón, no era tan graciosa la broma.
El puzzle empezó a encajar, la dirección de España saliendo de la empresa, la idea de traer gente de fuera para regenerar la organización desde arriba. Yo había visto los números de España en su conjunto, pero no de mi división antes de aceptar. No me sentí tan astuto en ese momento. Menudo marrón tenía enfrente.
Fue un año intenso. Renovación y transformación, pusimos la división patas arriba, la reconstruimos desde los distribuidores, los equipos comerciales, los incentivos, las personas claves. Menudo año, menuda “broma”.
Sin embargo, en el año 2, la división volvía a dar no sólo ventas netas positivas, sino rentabilidad que se acercaba al 10%, cosa que conseguimos en el año 3. División saneada, clientes limpios, ratios lógicos, por fin habíamos conseguido hacerlo en serio.
Mirando hacia atrás, ese fue mi trampolín, poco después me dieron más responsabilidades, más marrones, más transformaciones, más desafíos.
Terminé haciéndome cargo de España y Portugal, de Argentina, de Centro América… Mi carrera directiva se cimentó en aquella “broma”.
Si tienes suerte, tú también te vas a enfrentar a momentos de cierto pánico, en los que el marrón parece insalvable, en los que te dé la sensación de que te han gastado una mala broma. Esos son los momentos claves, el cómo reacciones y te enfrentes a esos desafíos va a determinar tu futuro. Estate listo para ellos.
Las oportunidades radican en ser capaz de dar lo mejor en las “malas bromas”. Las transformaciones vienen a menudo de la necesidad de solucionar marrones que otras personas no han sabido solucionar.
Una “mala broma” es una “gran oportunidad”. Cuando te lleguen, sonríe, coge el toro por los cuernos y dile: “muy gracioso Luis, ahora en serio”.
Te escucho,
Santi
