“¡Esto es injusto, no puede quedar así!”. No me preguntes qué era “Esto”, no lo recuerdo, pero sí recuerdo la sensación de que debía actuar para corregir una injusticia flagrante.
Corría el año 2006 y yo era Marketing Manager en UK. Estaba convencido de que mi responsabilidad era no callar y decir las cosas tal como las veía y procedía a escribir un email detallando mi decepción personal por la tremenda injusticia de la que hoy no tengo memoria.
Mandé tan urgente misiva a Christine Ozden, entonces Managing Director de la división de Higher and Professional Education de Pearson EMEA. Sentía la imperiosa necesidad de que mi voz se escuchase por la responsable de nuestra división.
Christine me pidió que fuese a su despacho para discutir la afrenta. Tenía el email impreso y con muy buenos modales me pidió por favor que lo volviese a leer antes de tener la conversación.
A medida que leía mis propias palabras, la saliva se secaba, y el sudor empezaba a empapar mi camisa. Un mensaje que se veía que estaba escrito en un momento de alteración emocional, de sensación de injusticia, de sentimiento, se leía la indignación, carecía de reflexión. “Menudo despropósito” pensé para adentro. Cuando levanté la cabeza, vi a Christine mirándome atentamente, interesada en mi reacción. “La he cagado” murmuré avergonzado. Ella se limitó a mirarme, decidiendo qué decir.
“Santi, eres una persona con muchas cualidades y creo que puedes llegar muy lejos profesionalmente, pero este es el email de una persona irreflexiva que actúa antes de pensar. Eso es peligroso, crea inestabilidad no sólo para ti, sino para la gente que trabaja a tu alrededor que no sabe por dónde puedes salir cuando algo te indigna”.
“Todos somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios”
“Tener razón no justifica despreciar las formas ni a las personas que piensan diferente. El autocontrol, la reflexión, el pensar antes de actuar para decidir qué actuación te llevará a tu objetivo de la manera más eficiente no sólo es inteligente, sino que diferencia a los futuros líderes. No es callar, es elegir cómo hablar”.
Christine tenía mucha razón, una gran parte lo entendí ese día, otra parte tardé cinco años más en entenderlo, pero esa historia es para otro momento.
Ese día me prometí que trabajaría en controlar ese carácter y esa intensidad mal entendida. Darme 24 horas antes de reaccionar cuando esté alterado para poder pensar con claridad. Dar mi opinión, sin duda, pero siempre teniendo claro el objetivo. Si no hay objetivo, el silencio es un gran aliado.
Decidí en definitiva no ser tan esclavo de mis reacciones y adueñarme más de mis silencios.
20 años después, en mi vida personal sigo trabajando en ello, estoy seguro de que a mis hijas les gustaría mucho que ese trabajo hubiera dado más frutos.
Sin embargo, en mi vida profesional, las palabras de Christine siguen muy presentes y las vivo muy de cerca.
Yo siempre he sido una persona pasional, activa, impaciente. Tú puedes ser una persona tímida, agresiva, reflexiva, impulsiva… Serás en algunas cosas como yo, en otras lo contrario y cualquier variación entremedio. Es irrelevante.
Seas como seas, tienes una decisión que tomar.
“Soy así y a quien le guste, genial y al que no…” es una opción válida y si te sientes bien con ella, adelante.
Pero hay otra opción, más difícil. Y también más divertida, con gente como Christine en el camino para animarte. Pero tú puedes decidir escapar de la esclavitud de quien eres para aspirar a ser quien quieres ser.
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¿Eres dueño de tus silencios o esclavo de tus palabras?
Te escucho,
Santi
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